"Demasiado amor, demasiado lágrimas,
demasiado demasiado..."
Puso en el papel y se quedó mirando la frase un rato. Era una de esas noches cuando no podía escribir, todo le salía mal, el suelo estaba cubierto de papeles, aunque tenía tanto que decir, tanto que gritar, siempre se quedaba muda, muda del amor, del llanto, del ahogo, como tan raras veces le pasaba en la vida. Todavía era solo medianoche y ya que era luna llena y ella nunca podía dormir en ese período del mes, tenía toda la noche por delante para llorar, para llorar ese amor, para desgastar todas las lágrimas que tenía guardadas para él, hoy se lo había propuesto y hoy lo iba a hacer por todo lo alto. Con vino tinto y chocolate, de sus marcas favoritas, las que él siempre se compraba cuando tenía trabajo y quería pasar la noche hablando con ella por Internet mientras trabajaba. Hoy quería aprender a odiarlo, con todas sus cosas...
"Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo" leyó en la lámina que colgaba de la pared, algo cristalino brilló en una de sus mejillas, y se levantó para arreglar el fuego de la chimenea.
“Neruda, Neruda, quién pudiera haberlo dicho mejor…” susurró.