Es radiante y nunca llora,
cuando se va,
es mucho más valiente,
pero de orgulloso nada.
¡Ah, cierto!
Hay veces que se siente triste,
y ni entonces pone mala cara.
¡Pues claro!
Es frívolo quizás,
e insaciablemente candoroso, de verdad,
hasta travieso dicen.
Pero es más exótico que aliento de café,
y más dulce que el chocolate,
más enigmático que cualquiera,
y aún cuando por ingenuidad sabe amargo,
su aroma sabe a fresas…