Te miro y en cada mirada, sí, tuya
encuentro trocitos, tan llenos de mí.
Te hablo y con cada palabra callada
te acercas poquito a poco, despacito así.
Me sonríes y tras cada sonrisa divina
me hundo en las dulzura excitante y feliz.
Te toco y con cada gesto, suave caricia
te confundes aún más y me rindo ante ti.
Qué daría por un beso que me secara la boca,
por tenerte acá sin dejarte partir,
por abrazarte hasta no poder respirar,
y morirme en tus brazos abiertos.