September 21, 2010

El tiempo


El ayer se hizo tarde,
se esfumó como el hálito del café
que ese día dejaste en la mesita de noche,
se evaporó como el sabor a canela
de la almohada perfumada
en casa de mis padres, cuando era niña,
se mezcló con la lluvia y se hizo pedazos
junto con los pequeños trocitos de fe
que me habían quedado.

El hoy me estremece,
me pisotea, paso a paso,
hasta me mareo,
como si respirara el aliento narcótico
de una enorme dosis de chocolate,
me alborota y me deja sin aire
en un rincón oscuro de tus pensamientos,
no me muevo, prefiero quedarme,
si me permites.

El mañana, sí, el mañana,
esa palabra suena ten simple a veces,
mas cada día nos complica la vida,
sabe a dulce de leche y a menta,
a fresas con crema y azúcar,
y es como el llanto de un lobo herido,
te atrae, te hipnotiza y te excita,
pero te da miedo y no te acercas,
y te vas, o sí.

Pero qué importa,
qué importa el ayer, el hoy, o siquiera el mañana,
si lo que importa es lo que sentimos,
y eso es para toda la vida...