Puedo escribir que me duele el mundo,
que el aire hoy es raramente intoxicado,
y me duelen las palabras,
se esconden y se quedan asfixiadas bajo el lápiz,
que me duele la letra aquella,
no me deja en paz, y no llego a escribirla,
siempre la recuerdo,
que me duele la fuerza,
me deja a solas conmigo misma
y se va caminando a lo lejos, despacio,
que me duele la amistad,
se torna oscura, a veces estrambótica,
no la entiendo, no me deja entenderla,
que me duele el amor, en general,
es falso, cobarde, neurótico,
se viste de miedos, parece un inválido.
Puedo escribir que me duele el mundo,
que el aire hoy es raramente intoxicado,
pero me dueles tú más que cualquiera,
no hablas, pero te oigo claramente,
no escribes, pero te leo a fondo,
tú me has leído mil veces, incluso ayer,
me has leído hoy, lo sé, y mañana también lo harás,
te alimentas de las palabras que te escribo,
te saben amargas, pero las necesitas,
vives de ellas, son tuyas,
te las regalo, como te regalo mi amor cada día.
Qué no daría.
Puedo escribir que me duele el mundo,
que el aire hoy es raramente intoxicado,
que quiero gritar, gritar, gritar...
Pero me quedo muda...
que quiero gritar, gritar, gritar...
Pero me quedo muda...